Jean Ferrat

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Se fue

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Jean Ferrat

Translated lundi 15 mars 2010, par J.A. Pina

Nuestro amigo, nuestro camarada Jean Tenebaum, conocido como Jean Ferrat, se ha ido este sábado a reunirse con sus amigos los poetas. Estoy conmocionada. Para mí, como para millones de franceses, algo de nosotros se va con él. Tantas personas le deben tantos recuerdos íntimos o colectivos.

Jean Ferrat, es el cantante cuyo sentido de la humanidad y de la justicia ha acompañado el compromiso de generaciones de militantes. Jean Ferrat, es la voz que ha transmitido, interpretado y popularizado las voces de Aragon, Prévert, Lorca. Jean Ferrat, encarna los valores de la amistad, de amor, de generosidad hechos canciones. El supo unir la poesía, el pueblo y sus ideales.

Recuerdo esa tarde pasada con él en Entraigues en el café de la Montagne en el corazón de su Ardèche, no cantaba para pasar el rato ni hablaba por hablar. Su vinculación con el Partido Comunista era útil y exigente.

Su desaparición es una gran pérdida. A su familia, a sus amigos, a todos los que sienten pena y tristeza, como yo, quiero expresarles mi certeza de que el mensaje, las canciones de Jean Ferrat no nos abandonarán.

Marie-George Buffet,

Secretaria nacional del Partido Comunista Francés

París, 13 marzo de 2010.

Gracias Mina. Te amo tanto

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Por John F. Schumaker

Traducción por Hasardevi

Estamos obsesionados con la felicidad. A cada paso se encuentran libros, artículos, programas de radio y TV, videos y sitios Web de cómo ser feliz. Hay institutos, campamentos, clubes, clases, cruceros, talleres y retiros sobre el particular. En las universidades se están agregando cursos de Estudios sobre la Felicidad. Proliferan las profesiones que incluyen asesoría y orientación sobre la felicidad, orientación sobre superación personal, ciencia de la alegría y la felicidad. La felicidad personal es un gran negocio y todo el mundo lo vende. Sin embargo, encontramos que la depresión va en aumento.

Hay varias razones para que la epidemia de depresión en la sociedad de Occidente, empeore. Todo significado del sistema se ha marchitado. El propósito de la vida se ha reducido a “sentirse bien”. La inocencia, la savia vital de la felicidad, es obsoleta. Vivimos en un substrato cultural idóneo para la depresión.

Nuestra era de materialismo cultiva un descontento perpetuo. La vida de las personas está dominada por un exceso de complicaciones, de competencia, estrés, rabia, aburrimiento, soledad y confusión existencial. Estamos a punto de ser eliminados de la naturaleza, nos casamos con el trabajo, a la deriva en lo que respecta a familia y amigos, famélicos espiritualmente, privados de sueño, fuera de forma físicamente, haciéndonos tontos y esclavos de las deudas.

Por lo general, enganchamos al ego excesos de todo tipo, carga emocional, ambiciones, poder personal. Y todo es un fracaso sorprendente. Actualmente, el éxito se ha convertido en un plan para el fracaso y el hambre espiritual, así como la depresión.

Los profesionales de la salud enfrentan nuevas epidemias de “enfermedad de la prisa”, el “síndrome de la intoxicación con el éxito”, la “familia frenética”, “el niño sobre-comercializado” y la “pleonexia” que se refiere a una codicia fuera de control.

Exagerar el Deseo

Demasiado ya no es suficiente. Muchos se esfuerzan a tal grado que tienen dificultad para sentir algo. En el fondo, la crisis de la depresión es una metáfora para la falta vigor, de espíritu que impregna la vida contemporánea. Somos las personas más desgraciadas de la historia si medimos el bienestar en términos de salud mental, crecimiento personal o un sentido general de vitalidad.

Los Navajos de Norte América evalúan la calidad de vida en términos de la conquista de la belleza universal, o lo que ellos llaman “hózhó”. En contraste, las culturas del consumo le dan el valor supremo a la exageración del deseo y a la saturación del yo, reduciendo la vida a una suerte de onanismo emocional. Nuestra incesante búsqueda de “satisfacción” es en realidad lo que contribuye principalmente a la epidemia de depresión. En su obra clásica de 1863 Utilitarismo, John Stuart Mill escribió: “Mejor un ser humano inconforme que un cerdo satisfecho. Mejor ser Sócrates insatisfecho que un tonto conforme.”

Para preservar el “raro valor” de los regales de la vida, uno debe resistirse a envolverse en un paraíso. Mantener el paraíso a distancia, aunque al alcance de la mano, es una mucho mejor manera de mantenerse vivo. La gente que lo tiene todo debe aprender el arte de considerar las carencias.

El autor John Updike advierte en “América es una gran conspiración para hacerlo feliz”, sobre la masa superficial y tranquilizante que prevalece cuando el éxito económico conspira para definir nuestra existencia. “Me beneficio, luego existo”. Engullo para ser feliz. Y después, a pagar con la depresión.

Los gobiernos son los principales protagonistas en la conspiración de la felicidad. Cualquier acción política encaminada a una mayor felicidad basada en la amistad entre las personas y ser amigable con el planeta, seguramente encontrará una feroz resistencia. Los mejores consumidores son narcisistas irritados que saltan de un deseo efímero al siguiente, sin estar jamás satisfechos en su interior, sino siempre en el proceso de satisfacerse a sí mismos. Todo nuestro sistema socio-económico está diseñado para dar lugar a este tipio de “ciudadano ideal” quien, desafortunadamente, se deprime a menudo. La alegría es la mayor amenaza a la codicia económica, un ser humano satisfecho en lo profundo de sí, no conviene al sistema.

Comparación Cultural

Las causas de la depresión son más culturales que biológicas o genéticas. Sabemos esto debido a la abundancia de datos antropológicos e interculturales de los que disponemos. A través de los años, he escrito sobre numerosas sociedades que carecen de la así llamada “depresión clínica” como la conocemos en el Occidente. Algunas de éstas en África. Recientemente se comentaba por parte de una agencia de socorro en Kenya que los voluntarios estaban sorprendidos por el entusiasmo y alegría de la gente originaria de ahí, así como de su aparente inmunidad a la depresión. Se convirtió en lugar común para ellos decir: “La gente es tan pobre, no tienen nada y así y todo, son tan alegres y parecen tan felices”.

No me sorprendió que una nación africana, Nigeria, se descubriera recientemente como el “más feliz país” del mundo. El estudio de “sociedades felices” nos está despertando a la importancia de la capacidad de conexión social, profundidad espiritual, simplicidad, expectativas modestas, gratitud, paciencia, el contacto físico, la música, el movimiento, el juego, “tiempo de reposo” y un cierto grado de prescindir, de no necesitar tanto...

Ladakh[1], llamado en ocasiones "Pequeño Tibet" por su aspecto geográfico y por su cultura autóctona, está habitado por una población de ascendencia indoaria y tibetanos. Es una de las zonas menos pobladas de Cachemira. Históricamente, la región incluía los valles de Baltistán (Baltiyul), el valle del Indo, Zanskar, Lahaul y Spiti hacia el sur, por el este Ngari incluida la región de Rudok y Guge, y por el norte los valles de Nubras a través del Khardung La en la cadena montañosa de Ladakh.

Esta pequeña región himalaya de Ladakh es uno de los mejores ejemplos documentados de una sociedad feliz y libre de depresión. Helena Norberg-Hodge escribió en Ancient Futures (Futuros Antiguos), que sus pobladores eran personas notablemente vitales y gozosas que vivían en una exquisita armonía con su rudo ambiente. La cultura Ladakhi generaba el respeto mutuo, una conciencia de la comunidad, un afán de compartir, reverencia por la naturaleza, gratitud y amor por la vida.

Su sistema de valores reproducía la ternura, empatía, cortesía, conciencia espiritual y conservación ambiental. La violencia, la discriminación la avaricia y el abuso de poder eran inexistentes en su sociedad. No se encontraba por ningún lado gente deprimida, emocionalmente exhausta y obesa. Pero en 1980, el capitalismo consumista llegó tocando con su “prodigalidad” acostumbrada en crear expectativas y trajo la enfermedad social. Al año siguiente, el recién nombrado Comisionado para el Desarrollo de Ladakh anunció lo siguiente: “Si queremos que Ladakh se desarrolle, tenemos que pensar en cómo hacer a estas personas (sus habitantes) más codiciosas”.

Los desarrolladores triunfaron y una economía de la codicia echó raíces. La cuestión es que hoy en día está disminuyendo la salud mental (concretamente más casos de depresión), hay desintegración familiar, delincuencia, degradación de los suelos, una creciente brecha entre ricos y pobres, contaminación y la expansión de la mancha urbana.

Restaurando la Salud

En su libro ¿Qué Significa el Desarrollo? Ted Trainer se refiere a Ladakh antes de 1980, como a una “cultura superior”, gente excepcionalmente bien ajustada a su medio y “notoriamente feliz”. El ve en su trágica historia la aleccionadora reflexión acerca de nuestros nobles objetivos de “desarrollo y progreso”. En su mayor parte, esto es un mito conveniente que sirve para producir más bien sociedades materialistas que personas saludables tanto física como mentalmente.

Algunas personas desilusionadas, incluyéndome a mí, están adoptando la "sociedad aislada" como técnica para protegerse a sí mismos y sus familias.

Radical groups are even resorting to "culture jamming." Grupos radicales incluso echan mano de “un bloqueo cultural”. Obviamente ya es tiempo de contradecir a nuestro tiempo, algo que puede hacerse con amor compasivo, y sin agregar más tensiones a las ya existentes en el mundo.

Una de las 50 “llaves de la felicidad” que incorporé a mi nuevo libro En Busca de la Felicidad, es una delicada línea del filósofo Friedrich Nietzche: “Precisamente lo menos, lo más suave, lo más ligero, el susurro de una lagartija, un aliento, un momento: lo pequeño marca el camino a la mejor felicidad.” Paradójicamente, lo bueno de la vida está más cerca cuando nos arrodillamos que cuando nos elevamos. Nuestro propio estado de vacío, puede ser una gran fuente de alegría.

John F. Schumaker es un psicólogo y crítico social nacido en los Estados Unidos de Norteamérica que vive actualmente en Christchurch, en Nueva Zelanda. Su nuevo libro es En Busca de la Felicidad: Entendiendo un Estado mental en Vía de Extinción. También es autor de La Era de la Irracionalidad, que examina las consecuencias para la salud mental de la moderna vida consumista.



[1] Ladakh (del tibetano el hindi y el urdu: "tierra de los pasos elevados") es una región en el estado indio de Jammu y Cachemira; se encuentra delimitada por el norte por las montañas Kunlun y la cadena de los Himalayas por el sur.


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Introducción
Por Hasardevi

La depresión, muy conocida hoy en día. Un concepto familiar y al mismo tiempo poco comprendido. Un sentimiento de futilidad, de no encontrar un sentido a la vida. Pero ha habido quienes dejan un registro de estos sentimientos, al abrazar y enmarcar la melancolía y presentarla con una nueva luz. Y ahí están, las expresiones creativas de su lucha, en el arte, la filosofía, la lucidez espiritual, en los descubrimientos científicos, que han enriquecido a la humanidad.

¿Es la depresión un fenómeno particularmente moderno? ¿es una cuestión fundamentalmente biológica de deficiencias o desequilibrio en los neurotransmisores, sin diagnóstico en el pasado y hoy susceptible de tratamiento? ¿Es un subproducto basado en el mercado de las sociedades materialistas que buscan deliberadamente erosionar el sentido de significado en la gente con objeto de estimular el consumo? ¿O es un temor justificado, una aprehensión que nos hace mirar dentro de nosotros por la indignación debido a las injusticias sociales, a una reflexión sobre la pérdida de identidad personal y el propósito en la vida en un mundo demasiado ocupado para que esto le importe?

La depresión, que impacta a miles de millones de personas alrededor del mundo, y la aparente ausencia de una sola solución, puede representar un cambio fundamental en un mundo que se ha vuelto muy impaciente y anhela respuestas inmediatas. La condición conocida como depresión no tiene una solución simple, instantánea. Cualquier respuesta genuinamente creativa requiere que aprendamos a vivir con nuestra falibilidad e imperfecciones; que aceptemos la problemática esencia de la natural condición humana. Que tomemos nuestra necesidad por significado y conexión humana tan seriamente como tomamos nuestra necesidad por las cosas.

Filosofía y Depresión

By Tim Ruggiero
traducción por Hasardevi

Un hombre de 35 años (podrían ser 45 o 55...) despierta un día agudamente consciente de una vaga ansiedad, un sentimiento de desasosiego, quizás melancolía. Atribuye ese estado de ánimo a problemas en el trabajo y a una relación rota. Pasan semanas, incluso meses, pero el destructivo y desestabilizador “sentimiento” persiste. Hay ciertas irregularidades en sus patrones de sueño y su dieta. Su interés por participar en actividades que alguna vez disfrutó, disminuye. Está más retraído, cada vez más abatido.
Mira hacia afuera en el mundo y encuentra muchas cosas que detesta: la injusticia social, la trivialización de la cultura moderna, la apatía de sus conciudadanos, el ritmo al que la sociedad se reforma, le parece lento. El desearía que a la gente le importara más los problemas y las ideas y menos su apariencia y cuánto dinero tienen. Se pregunta de tanto en tanto si no será que es un chiflado, un bicho raro, un insatisfecho. Recuerda (y eso le tranquiliza) que tiene un trabajo, algunos ahorros, uno o dos amigos y una familia.

Pasan otros seis o siete meses, y este sentimiento desestabilizador se transforma en una profunda desesperanza. No ve nada en la vida nada que sea gratificante o incluso medianamente satisfactorio. Sus relaciones, en su mayoría, son insustanciales y pasajeras. Casi se convence de que la vida no tiene un real “significado”; incluso considera el suicidio.
Esta persona, ¿debería ser drogada con Prozac o Zoloft? ¿Debería pasar años con un terapeuta tratando de descubrir qué es lo que está mal? ¿Debería esperar que el alivio venga de la sabiduría de gurús de la auto-ayuda o del consejo de pastores y sacerdotes?
No hay razón para desestimar sin más las soluciones farmacéuticas. Las medicinas de todo tipo han sido sometidas a escrutinio y son monitoreadas desde su comienzo en el mercado. El veredicto de drogas como el Prozac está ya a la vista desde hace tiempo y muchos reportan una drástica mejoría en el estilo de vida.

La vida de un hombre que ha tratado de cortarse las muñecas o envenenarse ha podido resguardarse con el uso de litio o fluoxetine o inhibidores del MAO.

Este hecho real parece dejar cualquier discusión sobre el tema fuera de lugar. ¿Por qué los diferentes matices de la patología social habrían de importar a una persona que sólo busca atenuar su propia depresión? Si el alivio puede obtenerse a través de un mes de régimen de píldoras, ¿por qué filosofar? ¿Por qué perderse uno mismo en un laberinto de interpretación psicoanalítica? ¿Por qué cuestionar a la sociedad o buscar cambiar lo que no puede ser cambiado?

Estas preguntas tienen una fuerza y un momento en sí mismas, pero no anticipan la más improbable de las reacciones: que la depresión no es algún mal que necesita ser extirpado de la mente o alguna enfermedad que necesita ser mitigada con drogas; que podría ser la manifestación concreta de un pesimismo filosófico, una reacción natural al entorno y situación social de la persona. Imaginemos si el término fuera definido no peyorativamente, incluso en forma más bien positiva:

“La depresión, en la mayoría de sus manifestaciones es la sana sospecha de que 1) puede no haber una aspiración o punto en la existencia, y/o 2) que la vida que la gente ha creado en realidad, la ‘estructura de la sociedad’, no es una en la que valga la pena participar. El objetivo no debe ser matar la sospecha, sino dominarla y trabajar con ella.”

Una Pregunta Existencial

Tal definición de la depresión sería naturalmente ridiculizada por profesionales y expertos de todas partes y declarada de una vez como equivocada e irresponsable. Sin embargo, el enunciado anterior, humaniza el estado de depresión y ve justamente el cuestionamiento acerca del significado de la vida como posiblemente lo más importante que una persona puede preguntarse, y una respuesta negativa a ello, al menos tan plausible como una ingenuamente afirmativa. “En la mayoría de sus manifestaciones” deja un margen al hecho de que algunas depresiones pueden necesitar una intervención farmacéutica inmediata (p. ej.: cuando el riesgo del suicidio es alto).

Hay otras dos ventajas del enunciado antes dicho. Primero, apoya el punto de vista ampliamente sostenido de que la depresión puede converger algunas veces con la psique de un genio. Filósofos como John Stuart Mill, William James y Friedrich Nietzche sufrían de los peores períodos de depresión. Una gran cantidad de otros artistas y escritores sufrieron el mismo destino, incluyendo a Edgar Allan Poe, William Blake, Mark Twain, Wolfgang Mozart, Charles Dickens, Vincent van Gogh, T.S. Eliot, Ernest Hemingway y Sylvia Plath.
En Segundo lugar, llama a considerar a las almas reflexivas, el significado de la experiencia y los reta a abandonar las nociones simplistas de la depresión. También puede llevarles a considerar si un estado deprimido no está hasta cierto punto racional y objetivamente justificado.

R. D. Laing, un psicoterapeuta radical que se identificaba con varias corrientes del existencialismo, creía que el objetivo de la psicoterapia no debía ser reconciliar a los pacientes con normas que podrían serles no saludables a ellos mismos, sino iluminar un camino para ellos en la dirección de la trascendencia.

Nuestro ambiente puede abrir o cerrar las posibilidades para un crecimiento espiritual e intelectual. En The Politics of Experience Laing ofrece un acertado pasaje del estudio sociológico Encounters de Irving Goffman:
“Parece que no hay otro agente más efectivo que otra persona trayendo un mundo vivo para uno mismo, o, por una mirada, un gesto o un comentario, hacer que la realidad en la que uno está encerrado, se encoja”.

Un pesimista y un existencialista pueden, efectivamente, estar de acuerdo en que el mundo en sí mismo está totalmente echado a perder, que las normas sociales son en sí mismas patológicas, que los sentimientos de desesperación, ansiedad, pérdida y falta de sentido pueden ser típicos en gente que es excepcionalmente inteligente y perspicaz. Una persona que está deprimida, puede entonces, desde este punto de vista, ver cosas que otros no ven, tener una aguda lucidez dentro de la extravagancia de la cultura moderna, tener un sentido refinado de lo bueno y lo hermoso. Por ello, drogar a una persona puede oscurecer su visión, insensibilizar su percepción, matar su inclinación a buscar el significado de las cosas.

¿Cuál es la importancia práctica de esto? Que la mejor y más verdadera terapia puede consistir en examinar la condición o el estado en sí mismo, con la comprensión de éste como principal objetivo, no poniendo simples parches, sino localizando la etiología (el estudio de las causas de la enfermedad) en el flujo y reflujo de las relaciones sociales, dándose cuenta de que algunos de los seres más brillantes que hayan vivido estaban deprimidos, y que no hay súper droga que sea suficientemente efectiva para erradicar los males de la sociedad y la cultura modernas.

Tim Ruggiero es un escritor independiente y editor de la Sociedad Filosófica.com.

Publicado por Hasardevi | 21:40 | 0 comentarios »


Interés por los jóvenes es lo que separa a un verdadero lider de un déspota. El déspota manipula a la juventud. No importa cuán nobles sean sus mensajes, sólo ven a los jóvenes como recursos a explotar para satisfacer sus propios propósitos.

José Cueli

Lo único que nos faltaba a los pobres mexicanos era padecer este gélido invierno. No fue suficiente con vivir en 2009 ventarrones y ramalazos de todo tipo, ahora iniciamos el año con este clima que nos cala hasta los huesos y nos congela el alma.

Este triste clima invernal no hace sino ahondar el talante depresivo que venimos arrastrando desde hace mucho tiempo. La ciudad se vislumbra triste y gris mientras los rostros se ven apagados y taciturnos. Buscamos apaciguar el frío con ropa térmica y calentadores o chimeneas. Pero hay otro frío que no se calma con estos paliativos.
Leer aquí todo: La Jornada: Frío que estremece el alma

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