La Yonge Dundas Square en el centro de la Ciudad de Toronto,  en Ontario, Canadá,  recobra su vida cuando los cálidos vientos primaverales anuncian el Verano. En breve,  el lugar se llenará con la gente, entre ella multitud de jóvenes estudiantes,  que disfrutará de conciertos y diversas formas de cultura  en esta sociedad heterogénea y multicultural. 

De ello da muestra la rica variedad gastronómica,  de todos los precios y sabores que sale al paso por doquier. .. y, a veces, en un solo lugar se ofrece lo mismo platillos árabes que de la cocina tailandeza e incluso una fusión de hamburguesas, y con música de fondo: la nostalgia de
los años setenta. 

¡Cómo influye el clima en el ánimo de las personas! 

Yonge Dundas ...

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El Budismo y una Vida Saludable

Publicado por Hasardevi | 3:35 | 0 comentarios »




Foto por Hasardevi Nuevo Vallarta, Nayarit

Por Daisaku Ikeda
(Traducido por Hasardevi)

La salud es un deseo universal de los seres humanos. No importa qué tan acaudalado o poderoso pueda uno ser, la salud es lo más preciado que existe.

El Budismo reconoce la enfermedad como uno de los más básicos sufrimientos que los seres humanos experimentan –como se desprende de su inclusión en los cuatro sufrimientos de 

nacer, envejecer, enfermar y morir. La búsqueda de liberar a las personas de este sufrimiento es un objetivo compartido por el Budismo y la medicina.

Las conexiones entre la mente y la enfermedad, la mente y la salud, son puntos en donde el budismo y la medicina convergen.

El Budismo no es una especie de espiritualismo o una teoría abstracta. El Budismo, a través de los tiempos, se ha enfocado directamente en la realidad de la enfermedad fìsica y mental y ha buscado aliviar el sufrimiento de la enfermedad desde la doble perspectiva del Budismo y la medicina.

Aún así, es natural que el interés principal del Budismo esté en el papel que juega la mente. Y a medida que la relación de la enfermedad con el estrés aumente en el futuro, la relación entre mente y salud, en general, será todavía más notoria.

La salud no es simplemente la ausencia de enfermedad. La salud significa un reto constante. Constante creatividad. Una vida prolífica siempre avanzando, abriendo frescos y nuevos horizontes: esa es una vida verdaderamente saludable. Un espíritu imbatible es lo que suministra el poder para seguir adelante con firmeza.

El Segundo Presidente de la Soka Gakkai, Josei Toda, dijo una vez que existen dos problemas fundamentals con la gente hoy en día. Uno es la confusión de conocimiento con sabiduría y el otro es la confusión de la enfermedad con la muerte.


El conocimiento y la sabiduría no son la misma cosa. Hay mucho que puede decirse acerca de la relación que existe entre ambos. Con relación al budismo y a la ciencia médica, podemos decir de manera muy general, que la medicina combate la enfermedad con el 
conocimiento científico. El budismo, por otra parte, desarrolla la sabiduría humana, para que así podamos encontrar nuestro propio ritmo y fortalezcamos nuestra fuerza vital. Esto ayuda a la eficacia del tratamiento médico y también nos ayuda a conquistar la enfermedad a través de nuestros propios poderes curativos naturales.

Pero es tonto ignorar o negar la contribución de la medicina. Eso es hacer descender la fe al fanatismo. Debemos utilizar los recursos médicos sabiamente al combatir la enfermedad. El Budismo nos da la sabiduría para utilizar la medicina adecuadamente.

La sabiduría es el ingrediente básico de la salud, de una larga vida y de la felicidad.
La enfermedad no lleva necesariamente a la muerte. La enfermedad puede forzarnos a examinarnos a nosotros mismos, examinar nuestra existencia, nuestra vida. Puede ser incluso un importante y precioso motivador. Alguien dijo que una persona que nunca ha estado enferma, sólo entiende la mitad de la vida.


El filósofo suizo Carl Hilty (1833-1909) escribió: “Al igual que las inundaciones del río remueve el suelo y enriquece los campos, la enfermedad agita y enriquece los corazones de la gente. Aquel que verdaderamente comprende la enfermedad y la soporta, se hace más profundo y más fuerte y llega a entender las ideas y las convicciones que antes le resultaban incomprensibles.”
La lucha con la enfermedad, nos lleva a entender la vida humana completamente y forja en nosotros un espíritu indomable. Yo mismo sufrí de una débil constitución cuando era niño. Tuve tuberculosis y, por esa y otras razones, no esperaba vivir más allá de los 30 años.

Pero esa experiencia me ayudó a entender a los que están enfermos. Y es por ello que cada momento es tan valioso para mi, y por ello mismo, me determiné a lograr lo más que pudiera mientras esté vivo, sin desperdiciar un minuto; también es por ello que he vivido al máximo todos estos años.

Hay muchos que tienen cuerpos saludables pero cuyo ser interior se encuentra enfermo. Y también están los que sufren de alguna enfermedad física pero su fuerza vital interior es muy saludable. Todos nosotros experimentaremos alguna enfermedad durante nuestra vida. Por eso es importante adquirir la sabiduría que nos permita lidiar con la enfermedad adecuadamente.

Aunque pueda parecer contradictorio, desde la perspectiva budista, la salud y la enfermedad no están separadas. Así como no lo están la vida y la muerte. Son parte de una sola entidad, como un todo. Por esa razón, la perspectiva budista sobre la salud no se limita a esta vida, su enfoque básico es una vida saludable a través de las tres existencias de pasado, presente y futuro.

Daisaku Ikeda es el presidente de la SGI. Este artículo es un extracto de la serie Un Nuevo Siglo de Salud: El Budismo y el Arte de la Medicina, publicado originalmente en el seikyo Shimbun, periódico de la Soka Gakkai, en 1999.
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Ver en este blog sobre el mismo tema: Reflexiones sobre la salud
http://gatomeditativo.blogspot.mx/search?q=salud







Por Daniel Salvatore Schiffer
(De Nouvel Observateur)
Traducción por Hasardevi

Hay leyendas vivientes que impregnan el paisaje musical durante décadas. Leonard Cohen, el dandy tenebroso, es una de ellas. Y su álbum más reciente parece suscitar una gran emoción. Daniel Salvatore Schiffer, filósofo, comparte su emoción al escuchar lo que para él es una obra de arte.

¿Como expresar con palabras, lo sublime, ese estado supremo -aunque se trate de una oscuridad trágica- de la belleza?

 Raine Maria Rilke, el más metafísico de los grandes poetas románticos, tenía para describir esta dimensión superior del ser, una fórmula que –por paradójica que fuera- era de una desconcertante precisión:

« Ya que lo hermoso no es sino el comienzo de lo terrible, que apenas si podemos soportarlo, y al admirarlo tanto, se desdeña y nos deja de destruir. Todo ángel es terrible.” (“Elogies de Duino”)


Este estado supremo de lo sublime, allí donde el inaccesible subsuelo del alma humana no teme al roce entre el ángel y la bestia, los Dioses del espíritu y los demonios de la carne, Leonard Cohen (uno de los poetas más emblemáticos de nuestro tiempo) acaba de alcanzar, en una cumbre artística de una rara belleza precisamente, con su última obra: un álbum intitulado “Viejas Ideas” que agrupa diez canciones todas tan conmovedoras, pese a su sobriedad instrumental y su rigor estético.



  Leonard Cohen, cuya voz siempre bien timbrada no ha sido nunca tan grave, profunda, virilmente abrasiva y sin embargo tan delicadamente conmovedora, casi frágil, dice sus admirables textos labrados, transportados por las melodías al ritmo de una lentitud a menudo grandilocuente, y que a veces más que cantar, los murmura.


Sí, “Old Ideas”  es un himno a la refulgente aunque tenebrosa belleza, como una oración silenciosa en su discreta elocuencia, monumento sin precedentes de poesía en salmos entonados y que, como tal, ¡pasará sin duda a la Posteridad!
Esta auténtica obra maestra, momento de pura gracia musical y de intensidad literaria, no sería en modo alguno alcanzada si él no tuviera, para acompañar esta voz de celeste ultra-tumba y que le confiere su secreta amplitud acentuando su parte oscura, su sombra, las magníficas y sutiles armonías vocales, tan llenas de sensualidad que están ahí como contraste. 

Se encuentran algunas de las grandes damas de la canción estadounidense, con repertorios mezclados del Folk al jazz y del blues al gospel (las tradiciones yiddish e incluso celtas, tampoco están ausentes sin olvidar una pizca de soul).


Es aquí donde surgen, particularmente suntuosas y como realzadas por la infinita dulzura de esas voces femeninas, envueltas por la inefable languidez de un violín o marcadas por la intangible nostalgia de un piano, las tres perlas de lo que constituye tal vez, pese a la riqueza de su obra anterior, la obra maestra de Leonard Cohen: "Going Home", texto a la ironía tan cruel como desencantada, "Show me The Place", doloroso pero espléndido cántico de amor extinto, y “Come Healing”, magnífico llamamiento, cuando el cielo y el infierno se desgarran y que sólo la muerte ofrece algún perfume de redención, a la reconciliación del alma y del cuerpo.



Ya que sin duda es lo que Charles Baudelaire señalaba, en su "corazón al descubierto" la doble postulación simultánea, uno de los temas principales, con la soledad y la incapacidad de comunicarse, los vicios y las virtudes del amor, el pesimismo existencial y la búsqueda interna, de este deslumbrante "Old ideas":





"Hay en todo hombre, a cualquier hora, dos postulaciones simultáneas, la una a Dios, otra hacia Satán. La invocación a Dios, o espiritualidad, es un deseo de avanzar; la de Satán, o animalidad, es la alegría de caer"; (“Mon Coeur mis á nu” –corazón al desnudo).



Y en efecto, es Baudelaire en persona, maldito entre los poetas malditos, que se perfila  como lo hizo en el pasado un Gainsbourg o un Bashung, en el horizonte abrasador de este dandismo negro, quintaesencia de este arte hoy característico de un ser de cenizas que es, evidentemente, Leonard Cohen, aquí más grande que nunca.



Tanto más cuanto que reflejan también, en sus últimos textos, implícitas pero claras referencias a la gran literatura estadounidense del siglo XX (aunque Cohen sea un canadiense de lengua inglesa):

Se recogen a su vez, estas baladas más bien íntimas, acentos inspirados por Tennessee Williams y William faulkner, más allá de la desesperación filosófica que los habita, así como por Ernest Hemingway y William Burroughs, John Fante y Charles Bukowski, Jack Kerouac y Allen Ginsberg, no hace mucho maestros incuestionables, por lo que toca a estos últimos, de la muy contestataria al tiempo que defensora de la libertad “Beat Generation” (Generación Beat).


 Leonard Cohen, cuyo divino y tan humano (si no "demasiado humano" parafraseando un famoso título de Nietzsche) con “Show me the place” me trastornó hasta las lágrimas, hecho rarísimo para un dandy acostumbrado a contener sus emociones y ocultar así su ser.



 Me complace por último recordar, a modo de homenaje a su genio, esas palabras de Charles Baudelaire que le van tan bien:



“La característica belleza del dandy consiste sobre todo en ese aire frío que viene de la inquebrantable resolución de no ser conmovido ; se diría un fuego latente que se hace adivinar, que podría pero que no quiere irradiar. (...) El dandismo es un Sol que se pone; como el astro que declina, es magnificente, sin calor y lleno de melancolía”. (“Le Peintre de la vie Moderne”. El Pintor de la vida moderna).


Es como si Baudelaire  hubiera, efectivamente, esbozado allí el retrato por anticipado del autor de este sublime "Old ideas".

Daniel Salvatore Schiffer es filósofo y autor de « Le Dandysme – La création de soi » (El Dandismo – La creación de sí mismo).    

             

Shakyamuni Buda

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Dallas Museum of Art

Restaurar nuestras conexiones

Publicado por Hasardevi | 1:02 | 0 comentarios »



Foto por Hasardevi



Traducido por Hasardevi

La poesía... Conexión entre el micro y el macro cosmos

¿Qué es la poesía? Cuando sentimos el dolor del amor o nos invade la inspiración--el suave roce de nuestros corazones expuestos contra las texturas del mundo-- ¿por qué será que nos es más fácil la expresión a través de un poema que en la prosa de un párrafo?

El corazón poético busca conectarse a través de la expresión. Es un corazón que intenta arrojar un puente entre nosotros y el mundo; y ese puente puede ser construido por las palabras, por el movimiento, el color o la música. Estas expresiones constituyen el núcleo de toda cultura humana y ayudan a definir nuestra diversidad y originalidad al tiempo que ponen de manifiesto nuestras similitudes.

El corazón o espíritu poético, es sinónimo de un espíritu de paz. La pérdida de este espíritu, esta sensibilidad hacia la vida, describe la patología de nuestro planeta enfermo: la evidente decadencia de nuestra humanidad. Nutrir el espíritu poético en nuestra propia vida es nutrir la esperanza para el futuro.

El filósofo Daisaku Ikeda nos ha estado convocando de manera constante a restaurar la sensibilidad poética en todos los seres humanos.


Restaurar Nuestras Conexiones  
Por Daisaku Ikeda

Cada ser humano es un microcosmos. Vivimos juntos en este planeta y  respiramos el ritmo de un universo que se extiende infinitamente por encima de nosotros. Cuando surge la resonante armonía entre el vasto cosmos exterior y el cosmos interior humano, nace la poesía.

Hubo quizás un tiempo en que todas las personas fueron poetas que dialogaban íntimamente con la naturaleza. El Man'yo-shu, obra japonesa de poesía, es una colección de poemas escritos por personas de todas las clases en su tiempo y casi la mitad de los poemas están marcados como anónimos.

Estos poemas no fueron escritos para dejar un nombre a la posteridad; son poemas y canciones vertidos como efusión incontenible del corazón que la gente tomó de su propia vida. Estas obras, trascienden los límites de tiempo y nacionalidad conforme pasan de persona a persona, de un corazón a otro.

El mismo espíritu poético puede encontrarse en cualquier tarea humana. Puede resonar vibrantemente en el corazón de un científico dedicado a la investigación en la admirable búsqueda de la verdad.

Cuando el espíritu de la poesía vive en nosotros, incluso las cosas más comunes no parecen meros objetos; nuestros ojos captan una realidad espiritual interior. Una flor no es sólo una planta. La luna no es un simple cúmulo de materia flotante en los cielos. Al fijar la mirada en una flor o en la luna, podemos percibir intuitivamente los insondables vínculos que nos unen al mundo.

En este sentido, los niños son poetas por naturaleza, de nacimiento. Atesorar y nutrir su corazón poético, permitiéndole acrecentarse, lleva también a los adultos descubrir refrescantes reinos. Después de todo, no existimos simplemente para cumplir deseos. La verdadera felicidad no se encuentra en acumular posesiones, sino a través de una profunda armonía con el mundo.

El espíritu poético tiene el poder de "afinar" y volver a conectar un discordante mundo dividido. Los verdaderos poetas se mantienen firmes, enfrentan los conflictos de la vida y sus complejidades. El daño causado a cualquier ser, en cualquier parte, es causa de agonía en el corazón del poeta.

Un poeta es aquel que ofrece a la gente palabras de aliento y esperanza, buscando la perspectiva –yendo más allá de lo inmediato- es capaz de hacer tangible la inmutable realidad espiritual de nuestra vida.

El sistema de segregación racial “apartheid” fue un crimen de lesa humanidad. Al resistir y combatir este mal, la filosa espada de las palabras, como en toda empresa humana, jugaron un importante papel.

Mbuyiseni Oswald Mtshali es un poeta Sudafricano que luchó contra la iniquidad del apartheid con la poesía como arma. El escribió: “La poesía despierta y refuerza nuestra verdadera fuerza íntima; nuestra espiritualidad. Es la fuerza que nos hace gente decente, gente que está llena de empatía por aquellos que están necesitados o sufriendo, aquellos que padecen la injusticia y otros males de una sociedad enferma.” Nelson Mandela leía los poemas de Mtshali cuando estuvo en la cárcel, extrayendo de ellos  la energía para continuar con su denodada lucha.

El poeta brasileño Thiago de Mello, aclamado como protector del amazonas, también soportó la opresión a manos del gobierno militar. En la pared de la celda en la cual estaba confinado, encontró un poema grabado por un interno anterior: “Está oscuro –se leía,- pero canto porque la aurora llegará”. Eran las palabras de uno de sus propios poemas.

En medio del caos y el vacío espiritual que siguió a la derrota de Japón en la II Guerra Mundial, al igual que muchos jóvenes de mi generación, adquirí indecible aliento de la lectura de Hojas de hierba, del poeta Walt Whitman. La desbordante libertad de su alma fue como un rayo de luz que me invadió.

Ahora más que nunca, necesitamos la estruendosa y conmovedora voz de la poesía.
Necesitamos el apasionado canto de paz de los poetas a la existencia compartida y el mutuo apoyo de todo cuanto existe en el universo.

Tenemos que despertar el espíritu poético dentro de nosotros, la juventud, la energía vital y la sabiduría que nos permitan vivir al máximo. En este sentido: Todos debemos ser poetas.

Un antiguo poeta japonés escribió, "Los Poemas surgen como diez mil hojas de lenguaje de las semillas de los corazones de la gente."

Nuestro planeta está herido y lastimado, sus sistemas de vida bajo amenaza de colapso. Debemos proteger y cobijar la tierra con "hojas de lenguaje" que provengan de las profundidades de la vida.

La Civilización moderna será saludable sólo cuando el espíritu poético recupere el lugar que le corresponde.