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Introducción
Por Hasardevi

La depresión, muy conocida hoy en día. Un concepto familiar y al mismo tiempo poco comprendido. Un sentimiento de futilidad, de no encontrar un sentido a la vida. Pero ha habido quienes dejan un registro de estos sentimientos, al abrazar y enmarcar la melancolía y presentarla con una nueva luz. Y ahí están, las expresiones creativas de su lucha, en el arte, la filosofía, la lucidez espiritual, en los descubrimientos científicos, que han enriquecido a la humanidad.

¿Es la depresión un fenómeno particularmente moderno? ¿es una cuestión fundamentalmente biológica de deficiencias o desequilibrio en los neurotransmisores, sin diagnóstico en el pasado y hoy susceptible de tratamiento? ¿Es un subproducto basado en el mercado de las sociedades materialistas que buscan deliberadamente erosionar el sentido de significado en la gente con objeto de estimular el consumo? ¿O es un temor justificado, una aprehensión que nos hace mirar dentro de nosotros por la indignación debido a las injusticias sociales, a una reflexión sobre la pérdida de identidad personal y el propósito en la vida en un mundo demasiado ocupado para que esto le importe?

La depresión, que impacta a miles de millones de personas alrededor del mundo, y la aparente ausencia de una sola solución, puede representar un cambio fundamental en un mundo que se ha vuelto muy impaciente y anhela respuestas inmediatas. La condición conocida como depresión no tiene una solución simple, instantánea. Cualquier respuesta genuinamente creativa requiere que aprendamos a vivir con nuestra falibilidad e imperfecciones; que aceptemos la problemática esencia de la natural condición humana. Que tomemos nuestra necesidad por significado y conexión humana tan seriamente como tomamos nuestra necesidad por las cosas.

Filosofía y Depresión

By Tim Ruggiero
traducción por Hasardevi

Un hombre de 35 años (podrían ser 45 o 55...) despierta un día agudamente consciente de una vaga ansiedad, un sentimiento de desasosiego, quizás melancolía. Atribuye ese estado de ánimo a problemas en el trabajo y a una relación rota. Pasan semanas, incluso meses, pero el destructivo y desestabilizador “sentimiento” persiste. Hay ciertas irregularidades en sus patrones de sueño y su dieta. Su interés por participar en actividades que alguna vez disfrutó, disminuye. Está más retraído, cada vez más abatido.
Mira hacia afuera en el mundo y encuentra muchas cosas que detesta: la injusticia social, la trivialización de la cultura moderna, la apatía de sus conciudadanos, el ritmo al que la sociedad se reforma, le parece lento. El desearía que a la gente le importara más los problemas y las ideas y menos su apariencia y cuánto dinero tienen. Se pregunta de tanto en tanto si no será que es un chiflado, un bicho raro, un insatisfecho. Recuerda (y eso le tranquiliza) que tiene un trabajo, algunos ahorros, uno o dos amigos y una familia.

Pasan otros seis o siete meses, y este sentimiento desestabilizador se transforma en una profunda desesperanza. No ve nada en la vida nada que sea gratificante o incluso medianamente satisfactorio. Sus relaciones, en su mayoría, son insustanciales y pasajeras. Casi se convence de que la vida no tiene un real “significado”; incluso considera el suicidio.
Esta persona, ¿debería ser drogada con Prozac o Zoloft? ¿Debería pasar años con un terapeuta tratando de descubrir qué es lo que está mal? ¿Debería esperar que el alivio venga de la sabiduría de gurús de la auto-ayuda o del consejo de pastores y sacerdotes?
No hay razón para desestimar sin más las soluciones farmacéuticas. Las medicinas de todo tipo han sido sometidas a escrutinio y son monitoreadas desde su comienzo en el mercado. El veredicto de drogas como el Prozac está ya a la vista desde hace tiempo y muchos reportan una drástica mejoría en el estilo de vida.

La vida de un hombre que ha tratado de cortarse las muñecas o envenenarse ha podido resguardarse con el uso de litio o fluoxetine o inhibidores del MAO.

Este hecho real parece dejar cualquier discusión sobre el tema fuera de lugar. ¿Por qué los diferentes matices de la patología social habrían de importar a una persona que sólo busca atenuar su propia depresión? Si el alivio puede obtenerse a través de un mes de régimen de píldoras, ¿por qué filosofar? ¿Por qué perderse uno mismo en un laberinto de interpretación psicoanalítica? ¿Por qué cuestionar a la sociedad o buscar cambiar lo que no puede ser cambiado?

Estas preguntas tienen una fuerza y un momento en sí mismas, pero no anticipan la más improbable de las reacciones: que la depresión no es algún mal que necesita ser extirpado de la mente o alguna enfermedad que necesita ser mitigada con drogas; que podría ser la manifestación concreta de un pesimismo filosófico, una reacción natural al entorno y situación social de la persona. Imaginemos si el término fuera definido no peyorativamente, incluso en forma más bien positiva:

“La depresión, en la mayoría de sus manifestaciones es la sana sospecha de que 1) puede no haber una aspiración o punto en la existencia, y/o 2) que la vida que la gente ha creado en realidad, la ‘estructura de la sociedad’, no es una en la que valga la pena participar. El objetivo no debe ser matar la sospecha, sino dominarla y trabajar con ella.”

Una Pregunta Existencial

Tal definición de la depresión sería naturalmente ridiculizada por profesionales y expertos de todas partes y declarada de una vez como equivocada e irresponsable. Sin embargo, el enunciado anterior, humaniza el estado de depresión y ve justamente el cuestionamiento acerca del significado de la vida como posiblemente lo más importante que una persona puede preguntarse, y una respuesta negativa a ello, al menos tan plausible como una ingenuamente afirmativa. “En la mayoría de sus manifestaciones” deja un margen al hecho de que algunas depresiones pueden necesitar una intervención farmacéutica inmediata (p. ej.: cuando el riesgo del suicidio es alto).

Hay otras dos ventajas del enunciado antes dicho. Primero, apoya el punto de vista ampliamente sostenido de que la depresión puede converger algunas veces con la psique de un genio. Filósofos como John Stuart Mill, William James y Friedrich Nietzche sufrían de los peores períodos de depresión. Una gran cantidad de otros artistas y escritores sufrieron el mismo destino, incluyendo a Edgar Allan Poe, William Blake, Mark Twain, Wolfgang Mozart, Charles Dickens, Vincent van Gogh, T.S. Eliot, Ernest Hemingway y Sylvia Plath.
En Segundo lugar, llama a considerar a las almas reflexivas, el significado de la experiencia y los reta a abandonar las nociones simplistas de la depresión. También puede llevarles a considerar si un estado deprimido no está hasta cierto punto racional y objetivamente justificado.

R. D. Laing, un psicoterapeuta radical que se identificaba con varias corrientes del existencialismo, creía que el objetivo de la psicoterapia no debía ser reconciliar a los pacientes con normas que podrían serles no saludables a ellos mismos, sino iluminar un camino para ellos en la dirección de la trascendencia.

Nuestro ambiente puede abrir o cerrar las posibilidades para un crecimiento espiritual e intelectual. En The Politics of Experience Laing ofrece un acertado pasaje del estudio sociológico Encounters de Irving Goffman:
“Parece que no hay otro agente más efectivo que otra persona trayendo un mundo vivo para uno mismo, o, por una mirada, un gesto o un comentario, hacer que la realidad en la que uno está encerrado, se encoja”.

Un pesimista y un existencialista pueden, efectivamente, estar de acuerdo en que el mundo en sí mismo está totalmente echado a perder, que las normas sociales son en sí mismas patológicas, que los sentimientos de desesperación, ansiedad, pérdida y falta de sentido pueden ser típicos en gente que es excepcionalmente inteligente y perspicaz. Una persona que está deprimida, puede entonces, desde este punto de vista, ver cosas que otros no ven, tener una aguda lucidez dentro de la extravagancia de la cultura moderna, tener un sentido refinado de lo bueno y lo hermoso. Por ello, drogar a una persona puede oscurecer su visión, insensibilizar su percepción, matar su inclinación a buscar el significado de las cosas.

¿Cuál es la importancia práctica de esto? Que la mejor y más verdadera terapia puede consistir en examinar la condición o el estado en sí mismo, con la comprensión de éste como principal objetivo, no poniendo simples parches, sino localizando la etiología (el estudio de las causas de la enfermedad) en el flujo y reflujo de las relaciones sociales, dándose cuenta de que algunos de los seres más brillantes que hayan vivido estaban deprimidos, y que no hay súper droga que sea suficientemente efectiva para erradicar los males de la sociedad y la cultura modernas.

Tim Ruggiero es un escritor independiente y editor de la Sociedad Filosófica.com.

Publicado por Hasardevi | 21:40 | 0 comentarios »


Interés por los jóvenes es lo que separa a un verdadero lider de un déspota. El déspota manipula a la juventud. No importa cuán nobles sean sus mensajes, sólo ven a los jóvenes como recursos a explotar para satisfacer sus propios propósitos.

José Cueli

Lo único que nos faltaba a los pobres mexicanos era padecer este gélido invierno. No fue suficiente con vivir en 2009 ventarrones y ramalazos de todo tipo, ahora iniciamos el año con este clima que nos cala hasta los huesos y nos congela el alma.

Este triste clima invernal no hace sino ahondar el talante depresivo que venimos arrastrando desde hace mucho tiempo. La ciudad se vislumbra triste y gris mientras los rostros se ven apagados y taciturnos. Buscamos apaciguar el frío con ropa térmica y calentadores o chimeneas. Pero hay otro frío que no se calma con estos paliativos.
Leer aquí todo: La Jornada: Frío que estremece el alma

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Generar la Esperanza

Publicado por Hasardevi | 17:31 | 0 comentarios »


Por Daisaku Ikeda

Traducido por Hasardevi


[©Seikyo Shimbun]

El Budismo enseña que el mismo poder que mueve el universo existe dentro de nuestra vida. Cada individuo tiene un inmenso potencial, y un gran cambio en la dimensión interior de la vida de un individuo tiene el poder de tocar la vida de los demás y transformar la sociedad. Cuando cambiamos nuestra determinación interior, todo comienza a moverse en una nueva dirección.

La esperanza, en este sentido, es una decisión. Cuando poseemos el tesoro de la esperanza, podemos extraer nuestro potencial interior y nuestra fortaleza. Una persona que tiene esperanza siempre puede avanzar.

La esperanza es una flama que nutrimos dentro de nuestro corazón. Puede ser encendida por alguien más –por las alentadoras palabras de un amigo, pariente o mentor- pero debe ser desplegada y mantenerse ardiendo a través de nuestra propia determinación. Es sumamente importante nuestra determinación de continuar creyendo en la dignidad y las ilimitadas posibilidades tanto de nosotros mismos, como de los demás.

Mahatma Gandhi condujo la lucha no violenta para independizarse del régimen colonial Británico contra una fuerza desigual. El fue, en sus propias palabras, “un optimista irrefrenable”. Su esperanza no se basaba en las circunstancias, incrementándose o bajando según las cosas fueran mejor o peor. Más bien, su esperanza se basaba en una inquebrantable fe en la humanidad, en la capacidad de las personas para el bien. Él se rehusaba absolutamente a abandonar su fe en en el prójimo.


Mantener la fe en la bondad esencial de la gente y el consistente esfuerzo para cultivar esta bondad en nosotros mismos –como Gandhi lo probó, es la clave para desencadenar el gran poder de la esperanza. Al creer en nosotros mismos y en los demás en esta forma –librando permanentemente la difícil lucha interior como base de nuestras acciones- podemos transformar una sociedad que a veces parece precipitarse hacia la oscuridad en un mundo humano e iluminado en donde toda la gente sea tratada con respeto.


Puede haber momentos en que, confrontados con la cruel realidad, estemos al borde de perder toda esperanza. Si no podemos sentir confianza, es tiempo de crear alguna. Podemos hacerlo cavando más profundo dentro de nosotros, buscando siquiera un pequeño rayo de luz, y hacer posible una manera para comenzar a romper el estancamiento que tenemos ante nosotros. Y, en realidad, nuestra capacidad para la esperanza puede expandirse y fortalecerse por circunstancias difíciles. La esperanza que no ha sido puesta a prueba no es más que un sueño frágil. La esperanza comienza a partir de este desafío, este esfuerzo por aspirar a un ideal, no obstante cuán distante pueda parecer.


Es mucho mejor perseguir un remoto, incluso aparentemente imposible objetivo que engañarnos pensando que no debe tenerse esperanza ante cosas así. Creo que la tragedia fundamental en la vida no es la muerte física. Más bien, es la muerte espiritual de perder la esperanza, dándonos por vencidos en nuestras propias posibilidades de crecimiento.


Mi maestro, Josei Toda, escribió: “En busca de grandes personajes del pasado, encontramos que permanecieron invictos ante las dificultades de la vida, nadando contra la corriente. Se aferraron a esperanzas que parecían simples sueños fantásticos a otras personas. No permitieron que nada les detuviera o les desalentara para hacer realidad sus aspiraciones. La razón de esto, estoy seguro, es que sus esperanzas no fueron dirigidas hacia el cumplimiento de deseos personales o intereses propios, sino que se basaban en un deseo para la felicidad de todas las personas, y esto les imbuía extraordinaria convicción y confianza."


Aquí se refirió a una verdad de crucial importancia: la esperanza real se encuentra en comprometernos con vastos objetivos y sueños –sueños como un mundo sin guerra y sin violencia; un mundo donde todos puedan vivir con dignidad.


Los problemas que enfrenta nuestro mundo intimidan por su profundidad y complejidad. Algunas veces parece ser muy difícil ver por donde, o cómo empezar. Pero no podemos paralizarnos por la desesperación. Debemos tomar acción hacia los objetivos que nos hemos trazado y en los cuales creemos. En lugar de aceptar las cosas pasivamente como son, debemos embarcarnos en el reto de crear una nueva realidad. Es en ese esfuerzo que la verdadera e imperecedera esperanza se encuentra.

Daisaku Ikeda es el presidente de la Soka Gakkai Internacional. Autor de numerosos libros y diálogos, filósofo y Poeta Laureado, un verdadero “constructor de la paz”. Una versión más larga de este ensayo apareció por vez primera en Hold Hope, Wage Peace (2005) editado por David Krieger y Carah Ong, disponible en www.wagingpeace.org.

La Esperanza no es para Pusilánimes

Publicado por Hasardevi | 17:19 | 0 comentarios »

Mujeres del Movimiento Cinturón Verde, clasifican semillas en un enfermería de árboles en Kenia.


por Frances Moore Lappé
traducido por Hasardevi

Como porrista en Texas durante la época de los 50's, aún puedo recordar la emoción -- rebotando en el aire con mis pompones de color naranja fuerte. Adoraba que los estudiantes se levantaran de sus asientos con entusiasmo, haciendo rugir los soportes de las gradas.

Ahora, pensando en eso, me doy cuenta que tomaba mi trabajo muy seriamente. Y así fue, como decía mi mamá, para mantener arriba el espíritu de todos, para centrarse en lo posible. Me mantuve en esa actitud, pero hacia finales de los 60's, me encontré tratando de seguir con esa actitud pero tratando de aplicarlo a algo mayor, más que sólo apoyar a un equipo perdedor de fútbol.

Poniéndole fin al Hambre

¿Que hay sobre el hambre en el mundo?

Procuré demostrar que había sólidas razones para la esperanza en que nosotros, los seres humanos, podríamos poner fin al hambre. Y, en un sentido, tuve éxito: Demostré lo que aún es verdad, que existe suficiente alimento en el mundo como para hacer gordinflones a todos. Mi discurso se centraba en que los seres humanos crean la escasez de alimento que decimos temer. Pero las soluciones están a la mano: Para empezar podemos dejar de alimentar con tanto grano al ganado, ya que sólo se nos regresa a nuestros platos, a través de la carne, una diminuta fracción de los nutrientes con los que nosotros los alimentamos.

Estoy consciente de que sin la esperanza los humanos morimos, si no físicamente, ciertamente espiritualmente. Por ello la tarea que me auto-impuse de propagar la esperanza parece muy importante. No obstante me ha tomado tres décadas empezar a entender que la esperanza no se trata de animar un equipo deportivo o de tan solo acumular la evidencia de la misma.

No me fue fácil llegar a esta conclusión. En realidad fui forzada, aún en contra de mi voluntad, a reconsiderar la esperanza. Pensaba que qué mala suerte tenía, haber nacido como animadora por naturaleza y aún así vivir en una época, la primera en la evolución humana, en que podíamos ver y aún graficar la declinación de nuestro planeta. La tercera parte de las especies que viven en el mar, corren el riesgo de la extinción; Anualmente 10 millones de niños corren el riesgo de morir por enfermedades curables y previsibles, el horror de la esclavitud aún existe, más gente muere en conflictos violentos que en épocas pasadas, las capas polares se están derritiendo más rápido de lo que los científicos han predicho.

¿Y la esperanza, que lugar ocupa en ese escenario?

Ninguno. Pero, he encontrado que no existe escenario alguno que debamos cambiar para crear la esperanza. La esperanza no está en ningún escenario, no es un valor estático. Aprendí que la esperanza es más verbo que palabra. Es acción. La esperanza no es algo que encontremos, más bien es algo que surge de nosotros ¿Pero cómo?

La respuesta me ha llegado de forma clara y como consecuencia de una bendición extraordinaria: Junto con mi hija, que también colabora conmigo escribiendo, he viajado por los cinco continentes para escribir la secuela de aniversario de los 30 años de mi primer libro, Dieta para un Pequeño Planeta, lo cual resultó ser un libro de historia, las historias de personas en nueve países empujados hasta la orilla de la esperanza, mostrando que es posible llegar a la raíz de nuestros más asombroso problemas sociales y ambientales.

La gente con la que nos reunimos era sumamente diversa, pero tenían algo muy importante en común. Cada uno había experimentado un “momento de disonancia”, como hemos dado en llamarlo, un momento en que ellos despertaron a la desconexión que había entre sus vidas interiores -- sus valores más profundos y necesidades -- y el mundo exterior. Ellos reconocieron que el mundo que ha sido creado (adviertan ustedes la voz pasiva) no es el mundo que cualquiera de nosotros deseamos.

Cada uno de nosotros puede hace una elección en estos momentos de tanta desorientación. ¿Nos llenamos con esos atroces sentimientos y sólo seguimos con ellos a cuestas? ¿O los escuchamos y nuevamente hacemos otra elección? ¿Nos la pasamos en la negación, o nos liberamos? ¿Nos arriesgamos a actuar de acuerdo a nuestros más profundos sentimientos, incluso si ello significa interrumpir nuestras cómodas rutinas --cosa que generalmente ocurre– llegando incluso a romper con algunas personas cercanas a nosotros?

Por ejemplo, en Kenia conocimos a Wangari Maathai. Ella fue quien observó, en 1977, que la deforestación se hacia cada vez mayor, y plantó siete árboles durante el Día de la Tierra, para así luchar contra la paulatina invasión del desierto. De esta forma se dio cuenta que sería necesaria un gran movimiento de los aldeanos para triunfar, ella se acercó a los organismos forestales del gobierno, quienes le respondieron “Oh no, los aldeanos no saben como hacerlo, sólo los silvicultores pueden hacerlo”; a lo que ella respondió “bueno eso fue hace 20 millones de árboles” y ahora todos los árboles que se han plantado han sido por mujeres de esas aldeas.

Esas mujeres, integrantes del Movimiento Cinturón Verde –al igual que otras muchas que conocimos durante nuestra travesía-- tenían cientos de razones para no tener esperanza. Wangari al igual que los aldeanos Kenianos se enfrentaron a la corrupción política y a la peor sequía que hubiese visto su país. Ellas se encontraron luchando contra la pobreza, la cual se había incrementado pues les tocó vivir la caída libre en el precio mundial de las cosechas del café, de la cual dependían los aldeanos para vivir.

Aun en esas circunstancias, esas mujeres se encuentran entre las más esperanzadas que he conocido jamás. Su espíritu cantaba junto con su voz y sus pies danzantes. Ellas no sólo plantaron árboles sino que recuperaron las cosechas tradicionales africanas y se encontraron libres de la dependencia en los mercados especulativos mundiales. En una cultura en donde muchas mujeres reportan ser golpeadas por sus esposos, se enfrentaron a ellos. Muchas escogieron tener menos hijos. Portan orgullosamente en sus playeras el lema del Movimiento del Cinturón Verde “Por mí, yo he elegido”.

Posiblemente muchos de nosotros estamos buscando la esperanza en los lugares erróneos. Y quizá esta es la razón por la cual la Organización Mundial de la Salud ha reportado que la depresión es ahora la cuarta principal causa de incapacidad y muerte. En menos de 20 años, será la segunda. Quizá hemos estado buscando la esperanza en las pruebas de la misma – comparando lo positivo contra lo negativo. La esperanza es algo más. La esperanza es lo que hacemos.

A mi hija y coautora, Anna, le encanta decir que ella pensaba que la esperanza era para pusilánimes, para gente que no podía enfrentar lo malo que son las cosas. Ahora, a través de nuestra travesía, hemos visto que la verdad es lo contrario a esta forma de pensar. La esperanza no es para cobardes. Sólo lo es para el fuerte de corazón. Para eso en que nos convertimos cuando, como las mujeres del Movimiento Cinturón Verde, hacemos una elección. Cuando escogemos escucharnos y arriesgarnos y así aprendemos a llorar y a cantar al mismo tiempo.

Frances Moore Lappé es autora de 14 libros, incluyendo el best-seller Dieta para un Pequeño Planeta y su secuela La Orilla de la Esperanza. Es co-fundadora de dos organizaciones que se enfocan en la comida y las raíces de de la democracia.

Esperanza para la Naturaleza Humana

Publicado por Hasardevi | 17:16 | 0 comentarios »

Por Hazel Henderson

Traducido por Jeremías

Creo que la esperanza es una actitud que debemos cultivar -- entre otras: gratitud, verdad, confianza, cooperación y fe en el desplegar maravilloso de la vida en la Tierra.

Tengo fe en la continuación del desarrollo y la maduración humana hacia una sabiduría más grande. Nosotros, los humanos, utilizamos sólo 10 por ciento de nuestras capacidades cognoscitivas -- mientras que nuestras capacidades emocionales para la empatía y la colaboración son también enormes.

Recientemente, me uní un grupo de académicos que revaluaron al científico inglés Charles Darwin (www.thedarwinproject.com). Descubrieron cómo las teorías de Darwin fueron distorsionadas por la elite victoriano de Gran Bretaña hacia las cínicas teorías de "la ley del más fuerte," la competencia sobre los recursos y el territorio. Esta doctrina "Darwinismo Social" llegó a ser el apuntalamiento de la economía de mercado y su enfoque sobre la "naturaleza humana" fue básicamente egoísta y competitivo.

Los nuevos académicos estudiosos de Darwin, inclusive David Loye en su Teoría Perdida de Darwin del Amor, han puesto ahora las cosas en su lugar. Darwin sólo mencionó "la ley del más fuerte" unas cuantas veces al acentuar constantemente que el verdadero genio de los seres humanos es su capacidad de vincularse, de confiar los unos en los otros, colaborar y madurar en el altruismo.

Este nuevo punto de vista sobre la naturaleza humana, creo, es correcto e implica un replanteamiento en la forma de pensar sobre los programas escolares empresariales y en lo económico mismo -- equilibrando su enfoque en la competición y el egoísmo, para llevarle hacia la cooperación y nuestra capacidad para el altruismo. ¡He aquí nuevos fundamentos para la esperanza!

La Dra. Hazel Henderson es una futuróloga independiente, columnista de agencias de noticias, y consultor sobre el desarrollo sostenible en más de 30 países. Ella es autora de varios libros, incluyendo Construyendo un Mundo en que Todos Ganan.

La Esperaza durante la Crisis

Publicado por Hasardevi | 17:14 | 0 comentarios »

por Ziyad Alawneh
traducido por Jeremías

Desastres naturales, inseguridad, falta de ocupación y el sentimiento de estar aislado, ocasionan gran sufrimiento a la gente y puede lesionar sociedades. Pero los seres humanos armados con esperanza nunca están desvalidos. Las personas con esperanza son los más fuertes agentes de cambio. La esperanza es tan esencial para la vida como lo es la comida y el agua. La fe en uno mismo y en el futuro nos ayuda a enfrentar los desastres y los conflictos.

Como musulmán, aun viviendo en el Oriente Medio, una región que está en ebullición e inestabilidad por el prejuicio y el odio, todavía hay abundante vida y amor.
Esto se debe a una perspectiva cultural que proviene de la creencia que somos probados en la vida por varias clases de dificultades. Culturalmente, los musulmanes aceptan lo que les sucede y dan gracias a Dios por todo, teniendo en cuenta lo la voluntad de Dios la cual consideran una oportunidad para examinarse a sí mismos y desarrollar la paciencia, en el entendimiento que el sufrimiento individual siempre puede ser mayor.

Ante el desastre uno puede permanecer enojado y amargado o ejercitar la paciencia o la aceptación, o bien, la más alta respuesta, la más significativa y llena de fe, la gratitud o la comprensión. Sin la fortaleza de esta fe, uno fácilmente se agobia y es incapaz de hacer surgir la esperanza necesaria para cambiar la vida y traer la luz al mundo. Lo que ocurra en nuestro loco mundo no debe ocasionar que perdamos la esperanza; más bien nos debe incitar para crear un mundo justo; un mundo libre de egoísmo.

La vida en nuestro mundo siempre vale la pena vivirla, y hay muchas cosas que nos hacen felices aún en las condiciones más difíciles. En el mundo actual, lleno de angustia y dolor, no tenemos más elección que abastecernos con la paciencia y la esperanza que nos permitirán ir hacia la costa más segura.

Ziyad Alawneh es un especialista jordano en desarrollo sostenible y activista ambiental. Actualmente es coordinador del Proyecto Integrado de Administración de las Aguas del gobierno de Jordania.